30 diciembre 2009

Mark Morrisroe: devil in disguise.

Quedan cuatro o cinco días aún para visitar la exposición en el CGAC sobre el Grupo de Boston, que monopolizó mi vida y este blog durante unas semanas. A modo de epitafio, dejo aquí un artículo sobre Mark Morrisroe, uno de los artistas claves de la muestra, que escribí para ArtNotes en esas mismas fechas:

“Apaga Oprah: no quiero que vea esto” . Éstas fueron (o pudieran haber sido: verdades, suposiciones y mentiras se entrelazan en su vida hasta el final) las últimas palabras de Mark Morrisroe en el lecho de muerte, hace exactamente veinte años. Estrella fugaz, fotógrafo genial, poète maudit, obsesionado hasta el último instante por su propia imagen, convencido de su capacidad para invertir la lógica de la mirada: es Oprah quien lo observa a él, desde el televisor, mientras devastado por el SIDA culmina su desesperada autodestrucción en la habitación de un hospital neoyorquino.

La suya fue una vida brevísima, treinta años apenas, que documentó fotográficamente de manera compulsiva,
durante su juventud en Boston y sus años en el East Village, pero también durante su deterioro físico y su enfermedad. Sus autorretratos en el hospital, el definitivo Mark Morrisroe’s Last Breath (1989), son la culminación de una tortuosa y compleja labor de elaboración mitológica, de construcción de un personaje a través de la superposición de historias fantásticas y de la acumulación de imágenes fascinantes y brutales.

Su ingente producción fotográfica, aún en proceso de catalogación, asume una función de crónica íntima y desgarrada. La distancia entre el sujeto fotografiado y el observador es abolida, y la supuesta objetividad de la fotografía se diluye ante la densidad emotiva que invade, incluso, sus polaroids más aparentemente banales. Afrontar su obra significa sumergirse en las implicaciones emocionales de la imagen, en la exaltación o el exceso que la genera.


Las exposiciones que a título póstumo han recuperado su figura - la seminal Boston School de 1995, que enlazó su obra con la de Nan Goldin, David Armstrong o P.L. di Corcia; la actual colectiva sobre este grupo de artistas en el Centro Galego de Arte Contemporánea; la monográfica que prepara el Fotomuseum Winterthur de Zurich para el 2010- han tenido que lidiar con la reconstrucción de los vínculos personales y afectivos de Mark Morrisroe. En parte porque también a través de las fotografías de sus amigos y amantes, de su familia electiva,
el artista se retrataba y construía; en parte porque sus autorretratos llevan inscrita la huella de sus relaciones, del desenfreno comunitario, hedonista y ligeramente melancólico, de su momento histórico y cultural.

Se han promocionado quizás en exceso (bajo el influjo de Nan Goldin, esa otra gran fabulado
ra de sí misma) la inmediatez, el descuido formal y la sexualidad explícita como únicas claves de lectura de estas obras. Resulta imposible dejar de lado en Morrisroe la propensión a la fantasía y el sueño, el tratamiento casi pictórico de la imagen, la pulsión irresistible hacia la belleza. Basta la extraordinaria Spanish Madonna (1986), autorretrato travestido y anacrónico de fondo inflamado, para reactivar las resonancias ochocentistas del término Escuela de Boston, y para comprender que su arte tiene tanto que ver con los tugurios del underground neoyorquino como con la excéntrica colección del Isabella Stewart Gardner Museum de Boston.

A medio camino entre la espontaneidad de las snapshots y la reflexividad de la más construida de las imágenes, esta obra es también buena muestra del afán experimental del artista. Su incansable trabajo con los procesos de revelado, los arañazos, las huellas y los daños infligidos a la fotografía, la exaltación de su materialidad, remiten inevitablemente a su propia fragilidad física. Algunas de sus imágenes, en las que la escena se está ya desvaneciendo en el momento mismo de su aparición , parecen anticipar los estragos de la enfermedad, preanuncian implacables el paso del tiempo.

Es el tiempo, de hecho, el gran fantasma que sobrevuela la obra de Mark Morrisroe: tiempo irreal, rarefacto, anacrónico. Paradójico que la generación del punk y la new wave viviese obsesionada con la estética de los años cincuenta, cuando no con el decadentismo finisecular; como en busca de un refugio, a través de la imagen, en un tiempo estático e imposible. Algunos de sus compañeros hallaron finalmente en la fotografía ese refugio contra el olvido, la enfermedad y la muerte; Mark no. Si le obsesionaba la idea de fotografiarse, si anhelaba volverse imagen, no era para durar, sino para desaparecer mejor.

29 diciembre 2009

Death, I'm not ready

En estos días pretendía retomar el blog para seguir con la no-tradición de escoger y comentar mis discos preferidos del año anterior (del anterior del que termina; del 2008 en este caso, vaya). No sé aún si a modo de actualización puntual, canto del cisne o retorno a las buenas costumbres.

Pero en esto, va y se nos muere Vic Chesnutt, y puntuar, clasificar y valorar música en la que seres como él se dejaron la vida y las entrañas parece menos divertido, más pueril y más estúpido. Si se me permite la incoherencia con lo apenas escrito, afirmaré que su anterior disco, el ya alabado por aquí North Star Deserter, me parece hoy más que nunca una de las obras que definen la década musical que termina; al menos, la mía. En este 2009, nos regaló dos discos desiguales, algo más irregulares, pero únicos, hermosos, dolorosos y ásperos, como todo en la vida de Vic Chesnutt.



El mejor resumen de su vida, impietoso, seco, sardónico e ilusionado, lo escribió él mismo aquí. La palabra coma aparece cuatro veces, no llegó a escribir una quinta.


Supongo que ahora sí estabas listo, Vic. Gracias por la música.

21 septiembre 2009

Familiar feelings

Es mentira. Puedes implicarte, puedes rastrear las huellas, sentir el peso de las ausencias. Puedes trazar genealogías, descifrar ovillos de recuerdos, rendirte a la arrebatadora fuerza de una imagen, sentir la cercanía, delirar sobre la estética y el tiempo. Testimonio: de vidas, de muertes, de mentiras vividas como verdades.

No es tu vida, no es tu vida.

Y el escalofrío complacido, el placer que obtienes al perderte en constelaciones ajenas no es comparable siquiera (mil veces menor, diez mil veces menor, cien mil veces menor: el eco apenas) al mordisco en el alma, al impacto brutal que desde la boca del estómago accede, amargo, imparable veneno del tiempo, hasta la mente, cuando, magdalena de sales de plata, una imagen despierta un fantasma acechante en tu memoria.

Tu memoria. Tu vida. Tu condena.

Los fantasmas de las imágenes tristemente felices me perseguirán para siempre.

16 julio 2009

La vuelta a casa

Estaba tan cansado mientras subía la calle que no pude llegar hasta casa. Compré unas cerezas y una botella de agua, y me dirigí a una plaza cualquiera, con bancos y unas mesas de madera.

Me senté en la mesa, con los pies apoyados en el banco, de espaldas a tres niños que jugaban. Se oía el ruído de los monopatines chocando contra el asfalto, gritos. Desde allí podía ver varias casas, la copa de dos palmeras y, al fondo, un trozo de monte sobre el que caía la noche. Vaya, pensé, tengo un trozo de monte para mí, y al instante me acordé de mi madre, que se conforma siempre con trocitos: poca cosa, no quiere abusar.

Me comí las cerezas. Las lavaba sobre el banco, y el agua que caía sobre la madera rugosa hacía bien; los huesos los tiré a una macetera. La última era dulce dulce.

Me quedé un rato, con el gusto de la fruta inundándome la boca, observando la noche que se asentaba, hasta que sentí el primer escalofrío. Entonces subí y esperé a que llamase.

03 mayo 2009

La belleza opaca

Cierra hoy la exposición de fotografías de Xosé Caruncho en la Casa da Parra, ese espacio expositivo semiclandestino y de delirante programación que vigila la Quintana. Visité la exposición un domingo como hoy, y las doce o quince primeras imágenes me entusiasmaron: qué hermosa reivindicación de la belleza de nuestra gente, de sus rostros marcados por el tiempo y el trabajo, de sus ropas, de su serenidad sólida y sabia, pensé. Qué cuidado trabajo de estetización, de dignificación a través la superficie visible de las cosas.

Fue hacia la mitad del recorrido que empezó el hastío, y con él las dudas. El proceloso trabajo con la cámara y con el revelado terminaba por dar lugar a una serie de imágenes opacas y planas aún en su perfección formal. Las personas y los lugares retratados se volvían indiferentes e intercambiables. El exceso estético provocaba que, como sucede a menudo en la imagen publicitaria, la mirada fuese incapaz de superar la superficie saturada de la fotografía, de establecer un contacto humano con los hombres y mujeres que nos miran desde ella.

Sería absurdo negar el formidable trabajo con el blanco y negro de Caruncho, o la belleza de esas imágenes, que nos recuerda incluso a ciertos trabajos de un retratista aclamado como Sebastiao Salgado. Sucede, sin embargo, que también en Salgado he observado a menudo un exceso, una saturación del componente estético de la imagen que va en detrimento del sentido de la misma. Tengo pendiente, al menos desde que hace un par de años visité una exposición suya en Santiago, una reflexión sobre por qué esas imágenes bellísimas que compone me dejan en ocasiones indiferente o levemente nauseado.

No sé si acierta Arthur C. Danto en el diagnóstico, y tengo aún más dudas acerca de que éste sea aplicable a mi desencuentro con las fotografías de Curuncho. Pero sí creo que en ambos casos un exceso de belleza, de una belleza superficial y opaca, bloquea cualquier intento de aprehensión emocional o intelectual del sentido de la imagen. En cualquier caso quería recuperar estos fragmentos ya en ocasión de la recensión de la novela de Roth. Escribe pues Danto, en El abuso de la belleza:

La conjunción de la belleza con la ocasión del dolor moral transforma en cierto modo el dolor, rebajando su gravedad en un ejercicio de liberación. Y como la ocasión de la elegía es pública, la tristeza es compartida. Deja de ser algo individual. Quedamos absorbidos en una comunidad de dolientes. El efecto de la elegía es filosófico a la vez que artístico: dota a la pérdida de cierto significado al distanciarnos de ella (...).

¿Es la modalidad elegíaca la mejor respuesta para una catástrofe política tan próxima? La distancia interpuesta por la belleza ¿no será acaso demasiado brusca? ¿Tenemos derecho moral a deshacernos en elegías por algo que no era en modo alguno inevitable ni universal ni necesario?

(...) La belleza no siempre es un acierto. Las fotografías de Sebastiao Salgado de una humanidad sufriente son bellas, como invariablemente lo es su trabajo. Pero ¿tenemos derecho a mostrar sufrimiento de maneras hermosas? ¿No implica acaso la belleza de su representación que su contenido es de un modo u otro inevitable, como la muerte?

02 mayo 2009


First we take Erice,


then we take L.A.


(...)

01 mayo 2009

Después

Siempre me han parecido sospechosas estas tardes de cielo límpido, brisa templada y calles vacías. Internet funciona, se oyen coches a lo lejos e intuyo movimiento tras algunas ventanas del edificio de enfrente, así que supongo que la vida sigue su curso allá fuera. Crisis financiera, cambio climático, pandemia.

La imagino así, tranquila y triste, la tarde después del apocalipsis: de una belleza rara y dolorosa. Quizás The End's Not Near no sea siquiera la mejor canción del álbum casi homónimo de The New Year, pero el día parece reclamar la melancolía serena de su melodía, la tranquila desesperación que destila la letra de Matt Kadane y ese último deslumbrante verso repetido hasta la total desolación: we're the saints who don't want to be found, the saints who don't want to be found. También, naturalmente, el precioso vídeo creada para la ocasión por Lee Daniel, habitual director de fotografía de Richard Linklater. Sabrán disculpar, espero, la lamentable calidad de la imagen.


29 abril 2009

Ojo avizor

I read the news today, oh boy...

Nos advierten oportunamente desde la última de La Voz del último timo, de la enésima broma pesada con la que un artista moderno (seudogenio, atiza con virulencia el articulista) pretende engatusar a un público. El sinvergüenza en cuestión es un tal Santiago Sierra, que pretende instalar unas escolleras en una sala y convertirlas en arte. El artículo no lo comenta, pero sabemos de buena fuente que el artista quiere también destinar una sala a exponer los objetos decomisados por la policía local: ni siquiera pretende molestarse en hacer él la obra, se la hacen otros!

Por fortuna, quedan aún entidades que apuestan por manifestaciones culturales serias, honestas y para todos los públicos. Un breve en las páginas del mismo periódico nos alegra el día informándonos del inminente inicio de un ciclo de cine dedicado al nunca suficientemente llorado Paul Newman. La Fundación Caixa Galicia recuperará algunas de sus películas más emblemáticas, dando la oportunidad a grandes y pequeños de rescatar obras hoy casi inencontrables como El buscavidas o Camino a la Perdición.

... and somebody spoke and I went into a dream...

26 abril 2009

Wolfgang Tillmans: gotas de papel

El título del post no se refiere solamente a una serie de bellísimas fotografías realizadas en los últimos años por Wolfgang Tillmans, en las que el fotógrafo alemán capta con magistral sensualidad los efectos producidos por la luz al entrar en contacto con pliegues de papel. Aunque sí, es cierto que estas obras condensan por lo demás gran parte de sus obsesiones estéticas: la atención al objeto cotidiano, la captación del instante, un placer estético de naturaleza casi sexual manifestado siempre a través de la superficie de las cosas, el creciente interés por la abstracción, el dominio en el uso de la luz.

De hecho, sería fácil argumentar que todas y cada una de las imágenes creadas a lo largo de los últimos veinticinco años por Tillmans son en sí mismas, perfectas, frágiles, solitarias gotas de papel. Tan diversas entre sí y tan profundamente conectadas al mismo tiempo que Minoru Shimizu, en un artículo sobre el artista, se vio obligado a renunciar a las categorías de identidad y diferencia y a emplear el término inglés sameness, traducible al castellano como mismidad.

Perfectas y paradójicamente inabarcables gotas de papel, imágenes cuya densidad simbólica abruma al espectador. Hablemos de sus retratos de jóvenes famosos o anónimos, de sus coqueteos con la más exquisita abstracción, de espacios aparentemente anodinos o de actitudes contestarias y provocatorias, las fotografías de Tillmans exceden con mucho el significado evidente del objeto representado. Comparte Tillmans con Roland Barthes una cierta fe en la “sutileza del sentido, esa convicción de que el sentido no se agota groseramente en la cosa dicha, sino que va siempre más allá, fascinado por el sinsentido (…) la de todos los artistas cuyo objeto no es esta o aquella técnica, sino ese objeto extraño, la vibración. El objeto representado vibra, en detrimento del dogma”.

Pero, decíamos, estas gotas de papel son además terriblemente frágiles. No se trata sólo de una fragilidad física, aunque el artista ha ido incidiendo cada vez más a lo largo de su trayectoria en la delicada fisicidad de sus fotografías. El caso es que esa vibración a la que hacíamos mención con Barthes, la mencionada potencia simbólica y visual de las imágenes de Tillmans, está siempre en entredicho. Su significado es siempre mutable, contingente, temporáneo; depende de las relaciones, siempre nuevas, que se crean cada vez que una de estas gotas entra en contacto con otra, al ser dispuesta junto a ella (o situada encima, debajo, en la pared de enfrente; al entrar en contacto incluso con una gota idéntica a ella misma pero de un tamaño diverso) en la pared blanca de una galería cualquiera.

Desde sus primeras exposiciones, Wolfgang Tillmans ha ido repensando, reutilizando, recolocando obras ya empleadas con anterioridad en formatos nuevos, con montajes distintos. Cada una de las exposiciones de Tillmans es una gran instalación, una obra rica y compleja. El artista ha defendido siempre el carácter de obra artística de cada una de sus fotografías, al menos de las presentadas como tales, pero es en su disposición conjunta, en cada uno de estos montajes, que su obra adquiere toda su grandeza gracias a la multiplicación incontrolable de conexiones iconográficas, estéticas y conceptuales.

Sin embargo, cada uno de estos montajes es también una manifestación indiscutible de la fragilidad de la obra de Tillmans, del carácter contingente de cada una de sus imágenes. ¿Cómo afrontar pues una obra en permanente mutación, sujeta a continuas revisiones? El propio artista ha ido dejando respuestas en los últimos quince años en forma de, de nuevo, hermosas gotas de papel. Desde 1995 se han publicado una veintena de catálogos y libros de artista sobre su obra, la mayoría de ellos planeados y editados por el propio Tillmans. Cada una de esas secuencias de fotografías fijadas sobre el papel es a su modo la constatación de un estado provisionalmente definitivo de una parte de su obra.

Libros pues como testimonio incorruptibles de la obra de Tillmans en momentos diversos. Ni siquiera ellos son ajenos, sin embargo, a la continua reescritura en el espacio llevada a cabo por el artista. Las imágenes de cada una de las obras son el material a partir del cual Tillmans crea nuevas secuencias, nuevas instalaciones, nuevas obras. Al visitante se le invita a participar en este juego tremendamente serio, a tratar de seguir en la pared y sobre el papel el hilo mediante en cual Tillmans construye sus universos de imágenes. Y se le invita, ante todo, a perderse en el intento, a elaborar sus propias lecturas, a ser él quien establezca conexiones, ecos y reclamos, quien expanda más si cabe una constelación fotográfica inabarcable.

25 abril 2009

Contratos para el olvido

Cuenta Silvia García que, apenas acabados sus estudios de Bellas Artes, comenzó a plantearse la conveniencia de participar o no en la saturación de imágenes de nuestro mundo. Interrogándose sobre el sentido de ejecutar proyectos artísticos en un universo imaginario e icónico ya repleto de objetos, Silvia desarrolló una propuesta maravillosa, una suerte de performance poética, dulcemente irónica y densísima de significados. Una década después, en el marco de un conjunto de intervenciones en espacios no expositivos del CGAC, Silvia sacó del cajón del olvido (apréciese la paradoja) sus contratos para o esquecemento.

A través de estos contratos (podéis ver un ejemplar aquí) la artista y cada uno de sus espectadores llegan a un pacto de silencio y olvido. Silvia expone a un oyente una idea, una propuesta, una posible obra, comprometiéndose a no realizarla jamás, a dejarla extinguirse en la fugacidad del encuentro con ese (y sólo con ese) espectador. Éste, por su parte, se compromete a olvidar la obra en el plazo de un mes. Frágil, efímera, agudísima reflexión sobre los mecanismos de la memoria, sobre las razones profundas de la actividad artística, sobre la saturación de la iconosfera, la obra de Silvia García maravilla por su humana sencillez.

20 abril 2009

Asesino en serie

Para Kafavis estoy yo! Un poco líado ando estos días, a Dios gracias. Le robo dos minutos a cosas más urgentes para pedirles que me coloquen ya en marcadores uno de nuestros blogs de referencia (vale, mi blog de referencia) en el proceloso mundo de la ficción televisiva. Damos por supuesto que comparten la idea de que la otrora caja tonta se ha convertido en el refugio de algunas de las narraciones audiovisuales más inteligentes, bizarras, pregnantes y gozosas de nuestra actual cultura popular.

Alberto Rey aborda el tema como debe ser, con mala leche e ironía, con golosa y culpable perversión, con un criterio inevitablemente personal e impecablemente argumentado. Más allá de posibles sintonías entre filias y fobias, es bueno tener una voz con criterio a la que aferrarse entre tanta serie de culto y tanto fan de Prision Break. Aprovechamos, aún fans de Rohmer como somos, para suscribir alegremente uno de sus últimos posts.
"Desde luego, no seré yo quien defienda una televisión a ritmo de película de Rohmer, nada más lejos de mi intención. Pero tampoco me interesa un medio en el que todo es de colores saturados y que se mueve en fast forward. Yo también veo la televisión para desconectar y dejarme engañar por una fantasía, pero me niego a que esa desconexión sea tan sencilla (y tan patética) como la de un rebaño de vacas hipnotizadas por el paso de un montón de ciclistas vestidos con maillots fluorescentes. Una cosa es ver la televisión para no pensar en los problemas cotidianos, y otra muy distinta es verla para no pensar, a secas."

14 abril 2009

Todo un mundo: Hold Time, de M. Ward

Aborrezco, detesto, temo casi, los viajes en autobús entre Santiago y Lugo: dos horas interminables de tedio e incomodidad. La última vez me tocó hacer el viajecito cuando ya había salido la luna: bosques fantasmales, una casita aquí y allí, en medio de la noche, los faros del bus iluminando la carretera vacía, oscuridad en el interior, la gente en silencio. Me quedé adormilado nada más arrancar; para cuando desperté quedaba una hora de camino, cogí los cascos de la mochila y me puse el Hold Time.

Medio dormido aún, parecía que afuera la oscuridad se animase poco a poco, adquiriendo formas nuevas y cambiantes. El disco de M. Ward construye un mundo y lo anima, lo dota de vida, de movimiento. Se trata de una obra tremenda, anacrónicamente cinematográfica: cada canción es al mismo tiempo una escena, una secuencia, una película entera, y todas juntas conforman un carrusel ilusionista, en el que se funden lo excesivo y lo concreto, el pasado y el presente, la fantasía y la realidad.


El misterio, la magia, la noche


Ward maneja con sabiduría todos los palos de la tradición americana: blues, country, folk, rock pasan por las manos sanadoras del maestro, y todos salen de ellas reinventados, revigorizados, redescubiertos. Sigue siendo un ilusionista con tendencia al exceso, un mago que disfruta tanto jugando con el tempo de la canción como con el tiempo histórico al que cada pieza remite. Nunca hasta ahora, sin embargo, la rendición del oyente a este truhán de la canción había sido tan placentera. No seré el primero que lo menciona, pero el vendaval rítmico que se lleva a Stars of Leo, una de las muchas maravillas del álbum (To Save Me, Oh Lonesome Me, For Beginners, todas, demonios), es una de las sensaciones musicales más gozosas en años.

Quizás porque, al menos así sucede en mi caso, es el primer disco de Ward en que cada nuevo movimiento de la canción, cada arreglo introducido, cada inflexión de la voz, cada armonía vocal, parece contemporáneamente gratuito e imprescindible. Se entiende intuitivamente qué hace ahí ese sonido inesperado, por qué irrumpen de repente los vientos o se dobla una voz, pero es inevitable preguntarse cómo demonios se le ha ocurrido inventar algo así. Aunque, en realidad, no da tiempo a preguntarse nada de esto: con cada canción el disco avanza imparable, delicada, mágica montaña rusa.

Y cuando acaba (y, ay, sí, quizás catorce temas sean algo excesivos, pero se hacen cortos) despiertas, ligeramente confuso y desorientado, como al salir del cine, como al bajar de una atracción de feria o al acabar un sueño. Algo tambaleante, el paso inseguro. Melancólico, instantáneamente nostálgico del lugar mágico que acabas de abandonar.





Descarga aquí.

07 abril 2009

Yo

En ocasiones, si estoy cansado o he estado escribiendo en otra lengua, dudo sobre la inclinación del acento gráfico en castellano. Acento grave o agudo? De izquierda a derecha o de derecha a izquierda?

Si la duda me asalta sin un ordenador a mano en el que googlear, la solución suele consistir en escribir mi nombre: por alguna razón, por ofuscada que esté mi cabeza, mi mano no duda jamás cuando llega a la última silaba. El truco no funciona con ninguna otra palabra, no importa lo común que ésta sea. Sólo con mi nombre.

Si hubiese algún secuaz de Freud en la sala, que hable ahora o calle para siempre.

03 abril 2009

El poeta y el folio en blanco

He pasado los últimos cuatro días batallando. Con palabras, ideas e imágenes de otros, primero; con mis propias ideas después y, en fin, de nuevo, con las palabras, mis palabras. Esta última batalla es siempre la más difícil y frustrante; no es la primera vez que habló aquí del insufrible tormento que me supone en ocasiones encontrar la frase exacta, el verbo adecuado, la forma correcta.

Terminado el suplicio, decidí dedicar un par de horas a una búsqueda bibliográfica para el siguiente trabajo. Y así, al abrir la primera de las publicaciones que me había llevado hasta la mesa de la biblioteca, topé de bruces con aquel milagro. Las palabras discurrían con fluidez, construían la idea con naturalidad. El estupor se transformó en renovada admiración (y un cierto alivio; quizás no todos estamos llamados a escribir así) al llegar al final del texto y comprobar que su autor era el poeta Angel González.

El pánico de la hoja en blanco, según Wolfganf (ay) Tillmans (Paper Drop)


Les dejó un fragmento. Verán que no es tanto lo que se dice sino la facilidad pasmosa con la que se escribe.
"Escribo de memoria, sin los cuadros delante. Los de Juan Navarro los recuerdas vivamente, y no por chocantes, sino por ser ellos vivísimo recuerdo de un lugar; hechos, pues, para hacerse recuerdo y enseñarnos así a recordar. Hacen presa en ti, como decía Duchamp de los de Matisse. Actúan sin ser vistos, en lo invisible.

No hay cuadro tan malo que no ilumine por un instante el mundo. Los hay incluso cuya luz dura mientras los miras. Pero no es cosa de pasarse la vida delante de ellos, como tampoco lo sería pasarla y comunicarla entre libros o músicas. La omnipresencia del arte en este mundo nuestro no lo hace más habitable, sino sólo más amueblado y tal vez por eso mejor defendido del poder de las tinieblas. El alumbrado público o la pantalla de televisión no prestan peores servicios. Y si los aficionados al arte se han vuelto tan tercos como los adictos a la televisión y no muy distintos de ellos, debe ser porque la mayoría de esas obras de arte no pueden dejar de ser vistas sin que las tinieblas se les revuelvan."

01 abril 2009




I used to be darker

then I got lighter

then I got darker again



(...)

31 marzo 2009

-

Algún día tendremos que escribir algo sobre Félix González-Torres.

Blogger me informa de que Xanaz cuenta desde el día de mi cumpleaños con su primer, así lo llaman, seguidor.

Y yo, recuerdo, tendría que estar con otras cosas en vez de malgastar la inspiración (es un decir) por aquí.


30 marzo 2009

La conjura del dolor: Elegía, de Philip Roth

"La vejez no es una batalla; la vejez es una masacre".

Elegía. Philip Roth

Animado por una vieja historia breve suya leída recientemente, me animé a retomar la monumental obra narrativa de Philip Roth. Primera paradoja: Elegía, traducción española del Everyman original, se queda con sus ciento cincuenta páginas lejos del promedio enciclopédico del escritor norteamericano. Segunda paradoja: ninguno de los personajes y alter ego habituales del autor aparece en el libro. Tercera paradoja: los avatares vitales del maltrecho (y, sí, podemos decirlo sin miedo al spoiler: difunto)anciano protagonista carecen de la ironía punzante habitual en Roth, pero también del aliento y la inspiración lírica, de la capacidad evocadora que permite justificar una vida entera gracias a un instante de plenitud revivido con dolorosa nitidez.

Construye Roth con destreza algunos episodios y personajes hermosos - la primera visita al hospital, aún niño; la pureza desarmante, casi mitológica, del hermano y la hija de nuestro protagonista; la bellísima, concisa, cruda microhistoria de Millicent Kramer; pero en ningún momento parece llevar con mano firme las riendas de la narración. Los perfiles de las personas y las cosas, los recuerdos y las sensaciones, se nos presentan borrosos, desdibujados, faltos del aliento vivificante de la inspiración. La novela sólo adquiere meticulosa, escalofriante exactitud, cuando Roth aborda la enfermedad, sus síntomas, declinaciones y tratamientos.

De hecho, da la impresión de que el escritor se aferra supersticiosamente a esta descripción minuciosa, como si al recitar concienzudamente los vocablos que acotan los dominios de la enfermedad se conjurasen sus efectos. Roth ha abordado siempre, y nunca con pudor, el dolor y la muerte, sus consecuencias trágicas pero también las más físicas y corpóreas. Jamás como ahora, sin embargo, (y pienso también en el Slowman de Coetzee, primo lejano de este Everyman) su literatura se había asemejado de este modo a una rendición ante el terror del fin y la banalidad de la existencia.



El amor, la muerte... dónde quedó la belleza? (Bellísimo Untitled (Perfect Lovers), de Félix González-Torres)

“Como siempre, a fin de mantener la mente ocupada en otra cosa, recordó la tienda de su padre y los nombres de las nueve marcas de relojes de pulsera y las siete de otros tipos de relojes de las que su padre era distribuidor autorizado; su padre no ganaba mucho dinero vendiendo relojes, pero los tenía en gran número porque era un artículo seguro y hacían entrar en la tienda a los transeúntes que miraban el escaparate. Lo que hacía con estos evocadores recuerdos durante cada una de las angioplastias era lo siguiente: desconectaba de las chanzas que los médicos y enfermeras intercambiaban siempre mientras llevaban a cabo los preparativos, desconectaba de la música rock que sonaba en la fría y estéril sala donde yacía sujeto a la mesa de operaciones en medio de la intimidante maquinaria destinada a mantener vivos a los pacientes cardíacos, y desde el momento en que se ponían manos a la obra, anestesiándole la ingle y punzándole la piel para la inserción del carácter arterial, se distraía recitando entre dientes las listas que de pequeño había ordenado alfabéticamente cuando ayudaba en la tienda al salir de la escuela (“Benrus, Bulova, Croton, Elgin, Hamilton, Helbros, Ovistone, Waltham, Wittnauer”), concentrándose en la forma distintiva de los numerales, en la esfera del reloj mientras entonaba el nombre de su marca, pasando del uno al doce y vuelta a empezar. Entonces comenzaba con los relojes de mesa y pared (“General Electric, Ingersoll, McClintock, New Have, Seth Tomas, Telechron, Westclox”), y recordaba el tictac de los relojes de cuerda y el zumbido de los eléctricos hasta que por fin oía anunciar al cirujano que la operación había terminado y que todo había ido bien. El ayudante del cirujano, tras aplicar presión a la herida, puso una bolsa de arena en la ingle para impedir la hemorragia y, con ese peso ahí, el paciente tuvo que yacer inmóvil en la cama del hospital durante las seis horas siguientes.”

29 marzo 2009

Corolario #37

Anexo del Informe Nacional sobre Medición y Mejora de la Calidad de Vida (inédito).

(...)

37 – La calidad de vida de un territorio dado será directamente proporcional al diámetro medio de los granos de sal hallados en los paquetes de este producto a la venta en los establecimientos de dicho territorio.

26 marzo 2009

El desgarro o la esperanza: Sierra de Teruel (I)

Hace exactamente diecisiete días que proyectaron en el CGAI Sierra de Teruel, y como en este blog vivimos consagrados a la más efervescente actualidad cogemos la ocasión al vuelo para escribir cuatro líneas sobre una de las películas más extraordinarias de la historia del cine. La película, conocida también como L'Espoir, es además extraordinaria por múltiples y variadas razones. Pero empecemos por el principio:

Sierra de Teruel es un film de encargo, una adaptación de la novela del escritor e intelectual André Malraux, que llegaría a ser Ministro de Cultura francés en la posguerra. El propio Malraux se encargó de producir y dirigir la que acabaría siendo su única película, un film de ficción financiado por el Gobierno republicano español y rodado en plena guerra civil. El rodaje tuvo que paralizarse de hecho al entrar las tropas franquistas en Barcelona, cuando se habían completado apenas dos tercios del film. El equipo huyo a Francia, donde se completó a mala pena la película con un rodaje de dos días en un estudio y materiales de archivo.

La película tardó aún seis años en estrenarse; lo hizo, casi a escondidas, en una versión diversa a la montada por Malraux, con un título (Espoir) distinto del previsto y sin apenas repercusión, en el París liberado de 1945. Esta versión sobrevivió de milagro, en una caja por fortuna mal rotulada, a la destrucción nazi; mientras, Malraux enviaba una copia de su propio montaje a América, poco antes de la invasión de Francia. No fue hasta finales de los años sesenta, cuando la película se reestrenó en los circuitos de arte y ensayo, que aquel que hubiese debido ser treinta años antes un desgarrador grito de denuncia y auxilio ante el horror de la barbarie fascista alcanzó cierta resonancia internacional.

Más allá de la fascinación que produce su accidentada vida, más allá de su importancia histórica, el visionado de Sierra de Teruel es aún hoy y por encima de todo una experiencia estética devastadora. Genial película de aficionados, en palabras de André Bazin, la fuerza desgarradora de las imágenes del film, su belleza brutal e inesperada, su ruda y áspera concisión, desbordan las dramáticas circunstancias históricas que generaron la obra.



El dolor esbozado (Boceto para el Guernica, Picasso).


La película, editada recientemente en Dvd, debiera poder descargarse aquí.

El desgarro o la esperanza: Sierra de Teruel (y II)

Uno de los participantes en el congreso académico en el que vi por primera vez proyectada la película, un imbécil cuyo nombre he preferido olvidar, se descolgó durante su ponencia con una afirmación genial. La principal característica de muchas de las obras producidas durante la guerra civil española - películas documentales, de montaje, propaganda bélica; rodadas con enorme escasez de medios la mayoría, extraordinarias muchas de ellas – sería según el ínclito ponente su transparencia, la ausencia de carga estética derivada de la pobreza de medios. En ese sentido, Sierra de Teruel, debería resultar paradigmática: tal y como señala Santos Zunzunegui, pocas obras llevan hasta tal punto inscritas en su cuerpo las marcas de sus condiciones de producción.

Naturalmente, la realidad es exactamente la contraria: las dificultades productivas, la pobreza de medios, acabó por permitir y motivar una auténtica revolución estética y lingüística. Con su desprecio hacia (o con su incapacidad para respetar) las normas y los estándares del cine de su tiempo, Sierra de Teruel desgarraba también todas sus convenciones. Reinventaba el lenguaje y la mirada, y sólo de este modo conseguía proponer un mundo reinventado y denunciar las miserias del existente y del lenguaje a través del cual se lo representaba.

De Pierre Bourdieu, a quien he leído poco y mal, recuerdo unas páginas en las que argumentaba que los cambios revolucionarios en los discursos se producen no tanto a nivel de contenidos sino en relación con el propio lenguaje que los articula. En este sentido Sierra de Teruel es un film revolucionario.

Cada plano que Malraux no pudo rodar acabó por convertirse en una elipsis impactante, en un hachazo a la mirada adormecida. Cada imperfección técnica, cada plano poco académico, cada titubeo de principiante derivó en una puerta inesperada a lo real. Con furor visionario, su imaginario se proyecta por igual hacia el pasado – la épica, el esplendor clásico de la famosa secuencia final, en la que el crítico americano James Agee creía entrever a Homero – y hacia el futuro – la importancia de la acción, del objeto, la violencia. Prefigurando literalmente el neorrealismo, las nuevas olas, el lenguaje audiovisual de los últimos sesenta años, Sierra de Teruel trae al mismo tiempo hasta nosotros la memoria, rugosa, apasionada, imperfectamente reencarnada en sus imágenes, de la barbarie del pasado.



Prodigiosa imperfección (Natività, Piero ella Francesca).


La película, editada recientemente en Dvd, debiera poder descargarse aquí.

24 marzo 2009

Días extraños

El mundo se me va empequeñeciendo. Un malentendido, la nula voluntad del que escribe de desembolsar 95,95 machacantes y, voilà, proscrito en otro nuevo país. A este ritmo acabaré refugiado en las Antillas.

Por lo demás, Porto es una ciudad cuyos habitantes conducen hasta la playa los domingos por la mañana para leer el periódico en el coche mientras escuchan el mar que rompe en la orilla. No creo que, para bien o para mal, sea preciso añadir nada más.



La playa de Matosinhos, desde la Casa do Cha de Boa Nova, de Álvaro Siza.

19 marzo 2009

La mariposa

"... una obra de arte debe ser tratada como una obra de la naturaleza, y una obra de la naturaleza como una obra de arte".
J. W. Goehte. Campaña de Francia.

















"He estado intentando expresar conceptos en las alas de las mariposas que tengan que ver con nuestra percepción de las formas. (…) No tengo intención de mejorar en modo alguno el diseño de la Naturaleza. Tampoco intento convertir algo hermoso en aún más hermoso. Simplemente pretendo explorar las posibilidades y los límites del sistema biológico, creando (allá donde sea posible) formas diferentes que no son el resultado de un proceso evolutivo. Mi intención ha sido también la de crear mariposas únicas. (…) Cada mariposa modificada es diferente de las demás. Las formas nuevas nunca habían sido vistas con anterioridad en la Naturaleza, y rápidamente desaparecen de la Naturaleza para no ser vistas de nuevo jamás. Esta forma de arte tiene un arco de vida, el arco de vida de una mariposa. Es una forma de arte que literalmente vive y muere. Es simultáneamente arte y vida. Arte y Biología."
Marta de Menezes. Nature?



(A mi tío, coleccionista de mariposas, quien temo no apreciará particularmente esta propuesta artística, en el día de su santo)

18 marzo 2009

Raro

"...ese deseo de vivir que en nosotros renace cada vez que recobramos la conciencia de la dicha y la belleza."
Marcel Proust. A la sombra de las muchachas en flor.


Ya ves.

Me gusta correr cuando llueve y el viento te zarandea de un lado a otro. Resoplar por el esfuerzo y sentir que sale disparada la gota de lluvia que pendía de la nariz. Regodearme en la épica del trote borriquero por la ciudad en un día de perros.

Me gusta leer en las bibliotecas durante los días espléndidos de (pre)primavera. Acurrucarme en la fresca penumbra (hay focos en el techo y la sala está totalmente iluminada, pero la claridad del exterior es de un tipo radicalmente diverso, de una intensidad incomparable; y, es sabido, la percepción es relativa) y aislarme en un mundo puramente teórico, conceptual, controlable. Observar de soslayo el verdor de la hierba a través de las ventanas entreabiertas y volver de nuevo la mirada al libro. Salir sólo cuando cae la tarde, cuando las sombras se alargan hasta el hastío y el mundo se mueve despacio.

17 marzo 2009

Verdad y mentira

Una noche, hará al menos un par de semanas, salí de casa tarde. Después de caminar durante una hora por las calles de Santiago acabé, como siempre, en la zona vieja. Estuve un rato apoyado en un muro en lo alto de las escaleras de la Quintana. Intenté sin éxito emplear el espacio desierto de la plaza a mis pies para disponer y ordenar imaginariamente mis angustias.

Acabé, a la una de la mañana, solo, sentado en otro muro, balanceando los pies. Habiendo renunciado a establecer un orden, un criterio, prioridades o planes de futuro, me limité a pasar revista a mi vida utilizando solamente dos categorías: verdad y mentira. A última hora, antes de regresar a casa, le tocó el turno también a este blog: tras unos minutos de deliberación, los pulgares señalaron hacia arriba.

Desde entonces han pasado algunas cosas. No escribí nada aquella noche, ni durante las semanas siguientes,aunque pensé a menudo en retomar el blog para comentar este o aquel asunto, por el simple placer de escribir o como terapia confesional. Por qué entonces ahora, un martes cualquiera de madrugada, con esfuerzo, sin demasiada inspiración?

01 marzo 2009

Dignità

Grazie, Beppino.




Beppino Englaro é un home actualmente investigado por homicidio voluntario pola Fiscalía de Udine. Beppino Englaro é para unha grande parte de Italia un referente ético, o último heroe cívico no país da hipocresía e a dobre moral.

Beppino Englaro batallou xudicialmente durante dezasete anos para cumprir coa vontade da súa filla, en coma dende os vinte anos tras un accidente. Beppino negouse durante todo este tempo a solucionar o asunto “dunha forma discreta”; trasladando á súa filla a algún dos paraísos da eutanasia que existen en Europa.

Beppino negouse tamén a difundir fotografías que documentasen as indecentes condicións nas que se atopaba a súa filla e a usalas coma medida de presión para a opinión pública. O único que necesitou para gañar a súa batalla pola capacidade de decidir e contra as inxerencias do Goberno e a Igrexa foron unha coherencia implacable, a fe nun sistema xudicial no que ninguén cría xa, e dezasete longos anos.

25 febrero 2009

-

Mi gato y yo, que amamos el sol de invierno, somos perezosos.

21 febrero 2009

Ferpecto

Ssssstupendo, oigan, sssstupendo. Ahora sí que puedo irme tranquilamente de parranda el 1-M: tengo el día libre.

20 febrero 2009

El humor

"En ciertos momentos de silencio interior, en que nuestra alma se desnuda de todas las ficciones habituales, y nuestros ojos se vuelven más agudos y penetrantes, nos vemos a nosotros mismos en la vida, y a la vida en sí misma, casi con desnudez árida, inquietante. Nos sentimos asaltados por una impresión extraña, como si en un relámpago se nos revelase una realidad diversa de aquella que percibimos normalmente, una realidad que vive más allá de la vista humana, fuera de las formas de la razón humana.

Lucidísimamente entonces, el conjunto de la existencia cotidiana, suspendida casi en el vacío de nuestro silencio interior, nos parece carente de sentido, carente de objetivo. Y aquella realidad diversa nos parece horrenda en su crudeza impasible y misteriosa, ya que todas nuestras habituales relaciones ficticias de sentimientos e imágenes se han escindido y disgregado en ella. El vacío interno se extiende, sobrepasa los límites de nuestro propio cuerpo, se convierte en vacío a nuestro alrededor, un vacío extraño, como una pausa del tiempo y de la vida, como si nuestro silencio interior se hundiese en los abismos del misterio."
Luigi Pirandello. L'umorismo.



Karl Schmidt-Rottluff. Portrait of Emy, 1919.

17 febrero 2009

El gato

"La filosofía no tiene en cuenta a este espíritu; y, sin embargo, tan seguro estoy de que mi alma existe como de que la perversidad es uno de los impulsos primordiales del corazón humano, una de las facultades primarias indivisibles, uno de esos sentimientos que dirigen el carácter del hombre."
El gato negro. Edgar Allan Poe.

"Cuando odiamos a un hombre, odiamos en su imagen algo que se encuentra en nosotros mismos."
Damian. Herman Hesse.


Un gato maúlla afuera. Lleva semanas en el gran patio de luces de mi edificio; nunca lo he visto, pero oigo de cuando en vez su lamento espantoso. Su aullido parece provenir de una garganta humana, de la garganta de un hombre, en cualquier caso, que haya conocido el dolor, el frío, la desesperación, el hambre, los efectos terribles de la soledad.

Mi primer impulso es ignorar los lamentos desquiciados que se cuelan por mi ventana. Como no lo consigo pienso en lanzar algo de comida, pero sé que únicamente conseguiría atarlo más a ese lugar en el que evidentemente no consigue valerse por sí mismo. Qué sucedería cuando me ausentase durante días, semanas, para siempre?

Entonces deseo simplemente que se vaya, que desaparezca de la forma más discreta posible. Debería quizás deducirse de ello que no deseo sino su muerte y su silencio. Odio a ese animal que perturba mi vida con su dolor? Odio el sonido desgarrador que me inquieta, me entristece, hace mis noches más amargas? Odio acaso las formas oscuras que toma el eco de su queja en mi interior, los recodos angulosos y olvidados de mi ser en que rebota su aullido?

16 febrero 2009

La carrera de Q.

Mis informadores me contaron que cuando el pelotón giró para afrontar la segunda mitad del recorrido, Q. encabezaba la prueba, con unos buenos tres o cuatro metros de ventaja respecto a sus competidores. Los ojos en blanco, la mirada perdida, los miembros desmadejados, el ritmo keniata, la zancada voraz. A lo lejos avistaba ya la meta, y con ella la gloria.

Entonces comenzaron las protestas de los rivales:

- "Va dopado", gritaba uno.

- "No tiene dorsal", decía otro.

- "Huele a alcohol", denunciaba un tercero.

Q. dudaba. El animal competitivo que lleva dentro le pedía a gritos una victoria aplastante, una exhibición pública. Su alma de zíngaro y tahur le obligaba a considerar la situación desde otro punto de vista. Un enorme castillo de naipes, de engaños y mentiras, podía derrumbarse por un exceso de entusiasmo.

Lentamente, con mal disimulada contrariedad, Q. se dejo superar por sus perseguidores. Entró en meta en una posición discreta, confundido con el grueso del pelotón. Mientras se dirigía hacia su coche, Q. cruzó la mirada con uno de los corredores que minutos atrás gritaban de rabia a su espalda, a la postre el vencedor de la carrera, que le dirigió una mueca de triunfo y de desprecio.

Q. le miró de arriba a abajo, carraspeó y escupió ostentosamente en el suelo, muy cerca de sus pies. Sin preocuparse por su reacción, Q. subió a su coche y se marchó de allí.







Gracias, Q.!

13 febrero 2009

Viva Velázquez!

















El Niño de Vallecas. Velazquez. 1642-45.


















Mexican dwarf in his hotel room. Diane Arbus. 1970.





















Jean Baptiste Faure como Hamlet. Edouard Manet. 1877.






















Pablo de Valladolid. Velázquez. 1633.





















Las meninas. Velázquez. 1656.




















Fuori l'autore. Giulio Paolini. 1991.

12 febrero 2009

-

Si David-Ivar Herman Düne no existiese, habría que inventarlo.


11 febrero 2009

Poe

" - (...) Por cierto que es un asunto muy sencillo y no dudo que podremos resolverlo perfectamente bien por nuestra cuenta, de todos modos pensé que a Dupin le gustaría conocer los detalles, puesto que es un caso muy raro.

- Sencillo y raro - dijo Dupin.

- Justamente. Pero tampoco es completamente eso. A decir verdad, todos estamos bastante confundidos, ya que la cosa es sencillísima y, sin embargo, nos deja perplejos.

- Quizá lo que los induce a error sea precisamente la sencillez del asunto - observó mi amigo.

- ¡Qué absurdos dice usted! - repuso el prefecto, riendo a carcajadas.

- Quizá el misterio es un poco demasiado sencillo - dijo Dupin.

- ¡Oh, Dios mío! ¿Cómo se le puede ocurrir semejante idea?

- Un poco demasiado evidente.

- Ja, ja! ¡oh, oh! - reía el prefecto, divertido hasta más no poder-. Dupin, usted acabará por hacerme morir de risa."

Edgar Allan Poe. La carta robada. (Traducción de Julio Cortázar)

10 febrero 2009

El día antes y el día después

Los días después de la fecha de entrega del periódico todo comienza de nuevo. Cojo hojas en blanco y trazo planes, ordeno papeles y distribuyo tareas. Despejo la mesa de trabajo de porquería acumulada durante los días de angustia, y hago lo mismo con el escritorio del mac. Cada clinc metálico con que la papelera acoge un archivo ya inútil libera un nudo de tensión en mi cuerpo; cada centímetro de mesa libre es una pequeña victoria frente al caos.

Aunque mi jefe se empeñó en alterar un día en principio apacible, el cielo transmitía hoy serenidad (me dicen sin embargo que negros nubarrones amenzaban afuera; que llovió, incluso, a ratos; que no era sino por contraste con la de ayer que la jornada parecía serena).

Cabalgo a lomos del desconcierto, el entusiasmo y el stress. Mañana parto hacia la capital del reino, donde me esperan días absurdos: exposiciones, ferias, trabajo a distancia, conciertos, conversaciones telefónicas, hipótesis imposibles sobre los metros de tela negra necesarios para oscurecer el mundo.

Les mantendré informados.



James Nizam. Dwelling Series #1

09 febrero 2009

Los 10+1 más mejores discos del 2007: caramba [y fin]

Llegamos (por fin: uno no es periodisto musical y se le acaban los adjetivos) a la conclusión de esta serie de posts. Nos vamos a ahorrar las reflexiones finales y la moraleja, suponiéndo que las hubiere. Se trata de música, al fin y al cabo; de la que nos gustaba ayer, la que nos gusta hoy y la que, quizás, nos gustará mañana. De los discos favoritos de hace un año algunos se han caído por puro agotamiento tras repetidas escuchas; otros porque un año después su discurso parece perder espesor y coherencia; otros, simplemente, porque no cabían. Con la noble intención de continuar dentro de 365 días este ejercicio inútil y onanista, dejo aquí constancia (boutade incluída) de cuales son, a día de hoy, mis muy discutibles 10+1 más mejores discos del 2008. Si pinchan sobre el nombre del disco pueden descargárselo de forma completamente (suponemos) ilegal, y así el año próximo debatimos.

The Wave Pictures - Instant Coffee Baby
Beach House - Devotion
Bon Iver - For Emma, Forever Ago
No Age - Nouns
Vampire Weekend - Vampire Weekend
The Dodos - Visiter
Mount Eeerie & Julie Doiron - Lost Wisdom
Arborea - Arborea
Klaus&Kinski – Tu hoguera está ardiendo
Destroyer - Trouble in Dreams
Times New Viking - Rip it off

Por el momento les dejo con el que, a estas alturas ya deberían intuirlo, es mi más preferido disco del 2007.

El más mejor disco del 2007 [hoy]

Eef Barzelay – Eef Barzelay

Descubrí el disco homónimo de Eef Barzelay (no se trata en realidad su debut en solitario, sino el segundo album tras la disolución temporal de Clem Snide) a las pocas semanas de haberse editado, pero tardó meses en convertirse en una presencia casi obsesiva en mi vida. A primera vista, el disco tenía un par de escollos que había que solventar para poder apreciar la obra en su totalidad. El primer escollo se titulaba Could be worse, y abría el album en clave rock con un riff arrollador y unos versos iniciales literalmente incendiarios: “Show me the bright side / and I'll look until my eyes catch fire”. El segundo escollo era también el segundo corte del disco, The Girls don't care, una pieza de elegante y agridulce perfección: desencantada, hiriente ironía, estribillo irresistible.

Me pareció durante cierto tiempo que este arranque avasallador agotaba el discurso del album. La enorme capacidad de Eef como compositor e intérprete daba lugar a dos canciones espléndidas, pero que se cerraban sobre sí mismas de manera asfíctica. El cinismo y el escepticismo parecían ahogar las posibilidades y el alcance de su música. Era necesario un esfuerzo por parte del oyente, una fe mayor de la que el propio Eef parecía tener, para adentrarse en el cancionero con el que el artista renegaba de su pesimismo y su incredulidad, para explorar con ligereza e ironía, pero también con ambición y temple, la muerte, el amor, la absurdidad grandiosa de la existencia.

Lentamente, con paciente parsimonia, el album despliega sus encantos. Habitamos siempre los terrenos de un folk rock vagamente lunático. La variedad de las percusiones dota de textura y riqueza las composiciones. La electricidad y la distorsión son administradas con sabiduría: las canciones se encienden a ráfagas, el control de la intensidad dramática es soberbio. Existe, sobre todo, una adecuación exquisita, una simbiosis casi, entre las composiciones de Eef, más o menos narrativas, más o menos líricas, y sus ropajes musicales. En la bellísima Apocalyptic Friend, por ejemplo, fondo y forma, historia y música, son prácticamente indiscernibles, necesariamente consonantes: sólo la riqueza de los arreglos, la interpretación de Eef, los coros y la estudiada distorsión hacen visible la deslumbrante belleza, épica, íntima, ligeramente irónica, de la pieza.

Se trata en el fondo de una idea conservadora: la adecuación estéticamente satisfactoria entre forma y contenido. Nada extraño, pues a pesar de su apariencia extravagante, de su gusto por lo sardónico, lo bizarro o lo decididamente ridículo, Eef Barzelay ha dado a luz un clásico inmediato, escrito con ingenio, producido con talento, cantado con maestría. Sí, cantado con maestría: poco tiene que ver la nasalidad de Eef, su seguramente imperfecta técnica vocal, con la maestría con la que exalta primero y quiebra después su voz para ensalzar unos versos aparentemente banales (“I wish I could go there right now / I wish I could touch you right now”) en la magistral True Freedom.

Nos acercamos poco a poco, con amargura casi, al final del album, y Eef parece haber perdido por el camino su coraza de cinismo e ironía. Las canciones han ido desnudándose al mismo tiempo, y las dos últimas piezas apenas sí precisan de la guitarra y la voz del artista para estremecer al oyente. Se hace el silencio y casi a capella, la acústica resonando a lo lejos, Eef susurra los últimos versos del disco: "death is just the moment / when the dying ends". Los repite, una vez, dos, y calla, como si temiera abrumarnos. Es tarde para eso: indeleble queda ya la huella de un cancionero espléndido, de una rara obra maestra.

06 febrero 2009

Tiempos pasados

Nuestros lectores más observadores habrán observado que, a la chita callando, hemos subido a Xanaz algunos de los posts de su difunto blog hermano. No todos, claro, sino aquellos que escapaban un poco de la pretendida inmediatez del proyecto. Párrafos que no valen gran cosa, pero que quizás tampoco merecían languidecer en ese limbo. Está bien, creo, tenerlos aquí, a modo de testimonio de un pasado paralelo.

De tiempos pasados espero escribir, por fin, este fin de semana. Había casi abandonado la idea de publicar uno o dos posts sobre los cambios en la estructura narrativa de Lost, sobre sus repercusiones sobre el significado y la trascendencia cultural de la serie: había olvidado lo que quería escribir y, sobre todo, no recordaba porque una vez había creído importante (importante... cielos, es un blog, esto!) o interesante escribir sobre ello.

Sin embargo, mi ración semanal de la serie, anodina rutina desde hace ya tiempo, recobró por una vez una vitalidad olvidada. Un retorno de la densidad, de la pregnancia del pasado: un abandono, momentáneo seguramente, de las formas desquiciadas de las dos últimas temporadas, de esa temporalidad simultánea, modificable y en el fondo irrelevante, en favor de un presente fugaz pero corposo, en el que resuenan poderosos, trágicos, los ecos del pasado. Difusamente a lo largo del episodio, de manera tangible durante una secuencia, Lost dejó de insistir literal y cansinamente en la idea del tiempo para hacernos sentir su huella devastadora.

03 febrero 2009




















Antía Moure. Yo también me acordaré de todos vosotros

02 febrero 2009

El síndrome Windows

Al mediodía, mientras ojeaba el periódico y escuchaba de fondo la tele, cogí un yoghurt. Trasteé con el ordenador, me levanté, abrí una encimera, la nevera, me senté de nuevo, me comí un yoghurt. Recogí los platos, los fregué y cuando volví a la mesa encontré abierto, entero, sin empezar, un (otro) yoghurt.

No sé ustedes, pero yo, en ocasiones, noto que la vida se me escapa por entre los resquicios del tiempo perdido. Sumo segundos malgastados en saltar de una pestaña a otra del navegador; no hablo siquiera del tiempo perdido en el navegador, sino de los intersticios, de esas fracciones aparentemente nimias, gestos mecánicos, vacíos de sentido. Aquí unos amigos, por lo de pronto, estamos preparando una demanda a Microsoft; en estos tiempos nunca se sabe lo que puede caer:
"(...) El sistema de ventanas abiertas simultáneamente ha provocado un cambio formidable en las habilidades personales. Se ha desarrollado, sobre todo entre los más jóvenes, una inaudita velocidad para cambiar de asunto. Se aumenta la adaptabilidad y capacidad de descodificar en pocos segundos los estímulos recibidos. Procesamos y reaccionamos ante la información a mayor velocidad. También ha mejorado la posibilidad de avanzar varias tareas en paralelo, la denominada multitarea (multitasking), una especie de pluriempleo de las neuronas. Asistimos a lo que podría denominarse horizontalización de la concentración. Es decir, abarcamos muchos más frentes.

Pero no hay mejora que no suponga una renuncia. "Quien mucho abarca, poco aprieta", dice el refranero. La tendencia a abrir más y más frentes simultáneos desemboca en una reducción de la capacidad de concentración. Más amplitud supone menos profundidad. Se pasa por la información de puntillas, quedándonos con lo esencial, sin ir a la esencia y causas primeras de las cosas.

La multitarea ha traído el denominado síndrome de las ventanas, que debe su nombre a las ventanas de Windows. Un síndrome que provoca ansiedad por abrir el máximo de canales de comunicación o áreas de trabajo posibles. Inconscientemente buscamos pasar menos tiempo en una tarea determinada y, si es posible, aumentar el número de frentes abiertos. Desacostumbrados a profundizar, buscamos sentirnos útiles aumentando el número de temas que abordamos de forma somera y superficial. Una persona ante un ordenador con una sola ventana abierta tiene la sensación de que está siendo poco eficiente, de que le faltan estímulos, de que permanece ociosa.

Investigaciones recientes han demostrado que la multitarea tiene un límite. Neurólogos, psicólogos y profesores de escuelas de negocios norteamericanas sugieren que deberíamos controlar el número de tareas que atendemos en paralelo. Jonathan B. Spira, analista jefe de Basex, una empresa de investigación sobre prácticas empresariales, estimó que en Estados Unidos el coste de las interrupciones debidas a la multitarea rondaba los 650.000 millones de dólares al año. Un coste calculado a través de la pérdida de productividad que supone el cambio constante de frentes a los que se presta atención."
Qué iba yo a decirles? Ah, sí: el texto completo aquí.

01 febrero 2009

La(s) ciudad(es) de Gabriele Basilico

"Al llegar a una nueva ciudad el visitante reencuentra un pasado suyo que había olvidado que tenía. La extrañeza de lo que ya no eres o de lo que ya no posees te espera en el umbral de los lugares ajenos y no poseídos."

Italo Calvino. Las Ciudades Invisibles.


Tranquilos, no pienso en retomar mi antiguo proyecto de traducir e ilustrar las deliciosas ciudades invisibles de Calvino, aunque el haberme encontrado estos días con una horrenda versión en castellano invitaría a ello. El caso es que hoy cierra la sección lucense de Photo Galicia, y parecía necesario lanzar un tardío y reiterativo aviso para navegantes. Si el año pasado tuvimos el placer de disfrutar una muestra del trabajo de Sylvia Plachy, la Fundación Caixa Galicia acogía esta vez las obras, quizás no tan deslumbrantes pero igualmente magnéticas y cargadas de sustancia, de Gabriele Basilico.

Basilico retrata ciudades desde hace treinta años. Lo hace a través de fotografías en blanco y negro, tomadas en ocasiones desde las calles, a menudo desde torres o azoteas. Sus imágenes son aparentemente frías, distanciadas: una constatación minuciosa, objetiva, de la expansión imparable, ordenada o caótica, del tejido urbano.

Con su profundidad de campo constante y sus encuadres que oscilan entre la asepsia y la perspectiva levemente desquiciada, Basilico difícilmente contribuye a facilitar la lectura, la comprensión espacial y semántica de esos monstruos a los que llamamos ciudades. Huye de los tópicos iconográficos, y muestra su predilección por la periferia de Estambul, Lisboa o Moscú, en vez de por esos centros ampliamente inmortalizados por postales de siete a un euro. Tampoco me atrevería afirmar, salvo en casos concretos, que Basilico manifieste particular simpatía por estos espacios fronterizos, mutantes, por estos no lugares ansiosos por una definición.




Si acaso, en sus mejores imágenes, Basilico logra captar la potencialidad implícita en la impersonalidad de los espacios. Sus fotografías ofrecen la posibilidad de habitar y reordenar la ciudad con la imaginación; su renuncia a apropiarse de las ciudades a través de la cámara permite que seamos nosotros los que las habitemos, nos invita a leer en sus formas torturadas nuestra propia historia, hace posible que proyectemos en las calles, azoteas y descampados nuestra propia retícula espacial, el modo único e irrepetible en que nuestra experiencia nos ha enseñado a interpretar y vivir lo urbano. Quizás por eso, en cada una de las ciudades de Gabriele Basilico cada uno reencuentra aquella su ciudad.

30 enero 2009

A night with... The Wave Pictures

Sí, tengo muchas cosas pendientes, y no sólo (no precisamente) aquí. Pero es de nuevo urgente que me dirija ustedes, amigos lectores, para confirmar su presencia en el que será el concierto del siglo en Galicia. Notarán que escribo confirmar: no solicitar, fomentar o promover. A un concierto de The Wave Pictures, a 90 kilómetros de casa, un sábado, a 6 euros la entrada, se va y punto.

Qué voy a escribir de ellos que no haya(n) hecho ya? Si acaso que, por fin, los he visto en directo. Les dejaron tocar cuarenta, al máximo cincuenta minutos. En lugar de repasar a cascoporro las deliciosas canciones que contiene su disco de debut (escogido hace nada más mejor disco del año en un respetable foro del interné) los emplearon en sorprendernos con temas inéditos, versiones, oscuras caras b. Fue, huelga decirlo, un concierto espléndido.

No admito réplicas, discusiones o excusas. Mañana, pasado a lo sumo (las entradas están volando, la gente no es tonta) quiero que me confirmen si tienen previstas bodas, extirpaciones de amígdalas u otras causas de fuerza mayor que les impidan estar el 18 de Abril en Coruña. En caso contrario les quiero ver allí, reverenciando la música de esta enorme pequeña banda, de este néctar para masas, de este milagro pop.

Edito para añadir que el menda lerenda está asombrado barra encantado con su actual poder de convocatoria. Entradas en el buche.

28 enero 2009



Miguel Muñiz. Bosque.

27 enero 2009

Wilco

El tiempo urge, las entradas para su concierto en Santiago se agotan y yo tendría que estar durmiendo o produciendo, así que seré breve. No conozco otra banda en el mundo con una trayectoria en los últimos quince años como la de Wilco. Cinco discos magníficos (colaboraciones y directos a parte) y un repertorio abrumador, consolidado a lo largo de los años: un cancionero sin parangón en el rock contemporáneo, que les permite cambiar el guión prácticamente cada noche, sin altibajos, reinventándose a cada nota.

Nacida a raíz de la escisión de Uncle Tupelo, la banda ha ido mutando, cambiando de formación y discográfica, explorando nuevas estructuras y nuevos territorios sonoros bajo la dirección, dictatorial pero inspirada, de Jeff Tweedy. Progresivamente, Wilco ha enriquecido ese rock de raíces del que partieron allá por mediados de los noventa, ese alt country compacto del que presumían en A.M.. Ya el posterior Being There, disco doble eclético, complejo, ambiguo, daba muestras del inquieto trabajo de la banda: irresistibles perlas de tres minutos a guitarrazo limpio se alternaban con piezas más oscuras, o con gloriosos experimentos sonoros de seis minutos.

Fue sin embargo el tercer disco de Wilco, el delicioso Summerteeth, el que catapultó a la banda a un nivel decididamente superior en el que siguen instalados. Obra agridulce, frágil, inestable, acusada en ocasiones de superproducción, con una desnudez lírica que roza otras veces la pornografía emocional, Summerteeth es aún hoy su disco más pop, a un tiempo triste y soleado, por igual dulce y melancólico, inmediato y duradero.




Embalados artísticamente, Yankee Hotel Foxtrot se ve con perspectiva como otra obra mayor, a pesar de los problemas que rodearon su concepción: rechazo de la discográfica, ruptura de contratato, discusiones internas. Elegante, complejo, contundente, la paleta de Wilco se amplia con el disco, su repertorio crece, y se allana el camino para la segunda gran cumbre de su discografía. De hecho, A Ghost is Born es una cumbre a secas: una obra maestra cuyos primeros tres temas son respectivamente la gran llamarada guitarrera de lo que llevamos de milenio, un prodigio de delicada belleza a base de susurros y pianos, y una alucinada e inexplicable pieza krautrock. Tras semejante arranque, el album sigue indemne su camino, canción tras canción, hasta dejarnos sin aliento.

El por ahora último trabajo de Wilco es también su único (relativo) fracaso: tras la riqueza, variedad y complejidad de obras anteriores, Sky Blue Sky, sus melodías limpias, su tono soleado y transparente, parece suponer en cierto modo un pequeño paso atrás en la trayectoria siempre ascendente de la banda. Es también cierto que, a parte de resultar un disco globalmente más que digno, contribuye con al menos cuatro o cinco perlas a ese catálogo de cuarenta, cincuenta canciones a partir del cual Wilco compone su directo. Uno ha podido disfrutar del mismo en un par de ocasiones y se siente en condiciones de afirmar que Manolo García, acompañado por semejantes elementos, podría sonar como... En fin, seguiría sonando, temo, como Manolo García, pero el que aquí escribe estaría dispuesto a pagar para verlo; Dios sabe si esta no es una valiente declaración.

Lo suyo sería ponerles una radio, pero, como saben, tenemos ciertos problemillas de copirrai. Me he permitido hacerles un recopilata, obviando eso sí temas del A.M., que no tengo a mano. Las entradas, como he dicho, vuelan. Interesados aquí, o contacten con el autor. Gensanta, y yo que quería ser breve.